El Buey Almizclero (I)

Una bestia prehistórica en la tundra

El Buey Almizclero en Noruega

Cuando planificamos el viaje en la camper a Noruega, en verano del 2018, no solo fue para ver aves, sino que también nos entró la curiosidad por localizar una animal que nos llamó la atención en fotos que circulaban en internet, el buey almizclero.

El musk ox, en inglés, es lo mas parecido a un animal prehistórico de gran tamaño, de la misma familia de las cabras y ovejas. El buey almizclero (Ovibos moschatus) tiene su hábitat en las tundras de las montañas, adaptados al frío invierno de Noruega, gracias a la gran cantidad de lana que rodea su cuerpo.

La palabra “almizclero” de su nombre proviene de un hedor profundo que los machos desprenden cuando quieren atraer a las hembras.

Buey almizclero corriendo

Nuestro primer encuentro con el buey almizclero

Una vez buscada la localización del buey almizclero, así como las zonas por donde poder avistarlo, nos pusimos en camino. Comenzamos a caminar por caminos en en la tundra, un lugar increíble, cuyo paisaje ya era una recompensa para nuestros ojos.

Al cabo de un rato caminando con todo el equipamiento, fuimos testigos de nuestro primer avistamiento de un buey almizclero. Estaba muy lejos y corría al lado del río con una agilidad increíble para las dimensiones de este mamífero y el porte de este animal.

Hablamos que un macho adulto puede llegar a pesar 400 kilos y sin embargo su velocidad lo convierte en una criatura a la que tenerle mucho respeto. De hecho, en los inicios de las rutas había unos carteles donde se daban las recomendaciones en caso de encuentro y se aconsejaba no estar a menos de 200 metros de ellos. En la foto de la izquierda, sacada con un 600 mm (canon 300 mm 2.8 + 2x), revelada sin recorte, ya os hacéis una idea de la gran distancia a la que se encontraba este ejemplar.

Nuestro primer encuentro con el buey almizclero

Una vez buscada la localización del buey almizclero, así como las zonas por donde poder avistarlo, nos pusimos en camino. Comenzamos a caminar por caminos en en la tundra, un lugar increíble, cuyo paisaje ya era una recompensa para nuestros ojos.

Al cabo de un rato caminando con todo el equipamiento, fuimos testigos de nuestro primer avistamiento de un buey almizclero. Estaba muy lejos y corría al lado del río con una agilidad increíble para las dimensiones de este mamífero y el porte de este animal.

Hablamos que un macho adulto puede llegar a pesar 400 kilos y sin embargo su velocidad lo convierte en una criatura a la que tenerle mucho respeto. De hecho, en los inicios de las rutas había unos carteles donde se daban las recomendaciones en caso de encuentro y se aconsejaba no estar a menos de 200 metros de ellos. En la siguiente foto, sacada con un 600 mm (canon 300 mm 2.8 + 2x), revelada sin recorte, ya os hacéis una idea de la gran distancia a la que se encontraba este ejemplar.

Buey almizclero corriendo

Sorpresa!! Un buey almizclero delante mía.

Después de disfrutar del avistamiento y ver a este animal correr a lo lejos proseguimos por el camino marcado.

Seguimos caminando por la tundra, disfrutando del paisaje. Tras caminar un buen tramo, llegamos a un cambio de rasante del camino, cuando por sorpresa un buey almizclero se nos aparece delante. El destino quiso que en ese momento yo llevase la delantera a mi marido y mi hija, y así como lo vi, me paré y les dije a ellos que se alejaran despacio.

A mi me pilló muy de sorpresa, por lo que permanecí quieta en el suelo, casi inmóvil y lo más baja posible, con la cámara apuntando hacia este increíble animal.

Configuré la cámara en modo silencioso y nada de ráfagas exageradas, no quería ponerlo nervioso.

Buey-Almizclero-Cristina-Abilleira-Fotografía-Naturaleza

En esos momento no eres capaz de pensar mucho, solo disfrutas de estar en la presencia de un ser excepcional y de vez en cuando intentas inmortalizarlo con una imagen. Conste que esta situación fue casualidad, de haber tenido opción de estar más lejos lo hubiese hecho, y no solo por no molestarlo sino por no ponerme en peligro, vamos, un mínimo de sentido común.

Retrato buey almizclero

Mientras estaba allí quieta , sin pensar seriamente las consecuencias de tal situación, no podía dejar de asombrarme por el animal en sí mismo. Me parecía increíble porque pese a su robustez y gran tamaño solo me inspiraba absoluta ternura. Era tan grande como delicado…no sé…algo raro. Tal vez el día lluvioso y oscuro me produjo esa sensación, o realmente sí que estaba delante de un mastodonte extrañamente adorable.

Volvemos a la tundra

Los días siguiente repetimos esta ruta y el destino nos deparó un gran premio, llegamos a observar tres ejemplares juntos. Estos eran más jóvenes que el que habíamos visto en días anteriores.

Los tres parecían tranquilos cerca del camino aunque de vez en cuando nos deleitaron con enfados y persecuciones entre sí. No eran peleas, ya que el buey almizclero pelea en épocas de celo, y no eran el caso.

Pudimos admirarlos desde una distancia más cómoda que en días anteriores, disfrutando de sus interacciones. 

Incluso los observamos comer en la tundra, mientras bajaban poco a poco hasta el río, para luego «bañarse» entre aquellas aguas cristalinas.

Grupo bueyes almizcleros
Buey almizclero en el río

Este fue nuestro primer viaje y quedamos tan impresionados que decidimos repetir experiencia el año siguiente…y de ella os hablaré en la siguiente entrada del blog: Buey almizclero – Parte 2

 

Para finalizar os dejo un pequeño vídeo recopilatorio de estos momentos.