Isla de Runde

El frailecillo Atlántico

¿Como llegamos a la isla de Runde?

Hace dos años, se dieron las condiciones para poder hacer un viaje largo durante el verano, y decidimos buscar un destino por Europa.

El país elegido: Noruega.

Este sería nuestro primer viaje a este maravilloso lugar al que volvimos el año siguiente, porque simplemente nos enamoramos de él.

Nuestra intención era fotografiar la fauna que podíamos encontrar en ese país y concretamente el Frailecillo Atlántico o frailecillo común (Fratercula arctica) un ave que siempre nos había llamado la atención.

A través de Internet localizamos una pequeña isla en la costa atlántica, la isla de Runde, que era como un pequeño paraíso de aves, con varias colonias asentadas en sus acantilados y sin pensarlo mucho, allá fuimos de cabeza convirtiéndose en nuestro primer destino al llegar a Noruega.

Así que cargamos la furgoneta y pusimos rumbo a nuestra aventura.

Pigargo Runde - Isla de Runde

Llegada a la isla de Runde

 

En poco tiempo…bueno…en varios días 😆 …llegamos a esta isla un nublado día de julio.

Para acceder a la isla de Runde cruzamos por varios puentes impresionantes, y por las playas y ya podíamos disfrutar de ver muchas aves, ocas, estorninos, garzas, ostreros, etc..

De repente nos sorprendió el aleteo de un ave impresionante, el pigargo europeo (Haliaeetus albicilla), que estaba en una de las rocas. 

Intenté sacarle una foto desde la furgoneta (estábamos circulando) y está claro que no quedó como me hubiese gustado,  pero fueron pocos segundos los que me permitió disfrutar de su presencia y al menos me quedó como recuerdo.

Gracias a las señalizaciones que tenían en el pueblo conseguimos localizar el lugar por el que llegar hasta la colonia de frailecillos.

Para acceder a los acantilados donde se encontraban había que subir una colina.

No una colina de ascenso suave, no, una colina con una pendiente tan pronunciada en los primeros metros que casi te caías de espaldas intentando caminar. 

Después esa pendiente mejoró y se hizo más llevadero, pero os juro que cargada con todo el material, cuando llegué arriba, casi me da un pallá !!

Llegada a la isla de Runde

 

En poco tiempo…bueno…en varios días 😆 …llegamos a esta isla un nublado día de julio.

Para acceder a la isla de Runde cruzamos por varios puentes impresionantes, y por las playas y ya podíamos disfrutar de ver muchas aves, ocas, estorninos, garzas, ostreros, etc..

De repente nos sorprendió el aleteo de un ave impresionante, el pigargo europeo (Haliaeetus albicilla), que estaba en una de las rocas. 

Intenté sacarle una foto desde la furgoneta (estábamos circulando) y está claro que no quedó como me hubiese gustado,  pero fueron pocos segundos los que me permitió disfrutar de su presencia y al menos me quedó como recuerdo.

Pigargo Runde - Isla de Runde

Gracias a las señalizaciones que tenían en el pueblo conseguimos localizar el lugar por el que llegar hasta la colonia de frailecillos.

Para acceder a los acantilados donde se encontraban había que subir una colina.

No una colina de ascenso suave, no, una colina con una pendiente tan pronunciada en los primeros metros que casi te caías de espaldas intentando caminar. 

Después esa pendiente mejoró y se hizo más llevadero, pero os juro que cargada con todo el material, cuando llegué arriba, casi me da un pallá !!

Sorpresa en la colina del la isla

 

Lo que ayudó a que la caminata se hiciese muy llevadera fueron las sorpresas que escondían estas colinas.

A nuestro alrededor revoloteaban unas aves parecidas a las gaviotas.

Resultó que esta era una zona de anidamiento de los págalos grandes (Catharacta skua) y pudimos ver esta entrañable escena entre un adulto con su polluelo.

Dos segundos para plasmar esta escena y seguimos con el ascenso.

Págalo gigante - Isla de Runde
Acantilado de Isla Runde

Los acantilados impresionantes de la isla de Runde

 

Una vez que llegamos a lo alto de la colina, no sin antes coger aire, ya pudimos comprobar la belleza de la isla.

El lugar era increíble, con unas vistas impresionantes. Quedamos asombrados por la gran cantidad de aves que se veían en una de las paredes más grandes de la zona de los acantilados, y donde se observaba una colonia de alcatraces y araos.

Del otro lado se iba para la «zona» de Frailecillos, era algo menos empinada y tenía un acceso delimitado para poder verlos.

Pues allí nos sentamos en las rocas todos contentos, había poca gente, y tan tranquilos!!  todo genial…pero pasaba el tiempo y no veíamos nada. Sí notábamos movimiento al fondo, en el mar, pero por allí nada.

Con la ilusión de poder verlos cuanto antes no nos molestamos ni en conocer un poco sus hábitos. Gracias a un señor que se encontraba allí conseguimos saber que cuando se podían ver con facilidad era al atardecer…por eso no había casi gente en lo alto del acantilado!!! 

Así que nos volvimos para el pueblo, con la intención de subir nuevamente esa cuesta terrorífica más tarde. 😯 

Los acantilados impresionantes de la isla de Runde

 

Una vez que llegamos a lo alto de la colina, no sin antes coger aire, ya pudimos comprobar la belleza de la isla.

El lugar era increíble, con unas vistas impresionantes. Quedamos asombrados por la gran cantidad de aves que se veían en una de las paredes más grandes de la zona de los acantilados, y donde se observaba una colonia de alcatraces y araos.

Acantilado de Isla Runde

Del otro lado se iba para la «zona» de Frailecillos, era algo menos empinada y tenía un acceso delimitado para poder verlos.

Pues allí nos sentamos en las rocas todos contentos, había poca gente, y tan tranquilos!!  todo genial…pero pasaba el tiempo y no veíamos nada. Sí notábamos movimiento al fondo, en el mar, pero por allí nada.

Con la ilusión de poder verlos cuanto antes no nos molestamos ni en conocer un poco sus hábitos. Gracias a un señor que se encontraba allí conseguimos saber que cuando se podían ver con facilidad era al atardecer…por eso no había casi gente en lo alto del acantilado!!! 

Así que nos volvimos para el pueblo, con la intención de subir nuevamente esa cuesta terrorífica más tarde. 😯 

El Frailecillo europeo, un esfuerzo con recompensa

 

Pues al atardecer volvimos a coger fuerzas y subimos la colina.

Esta vez sí que había más gente subiendo, no mucha, pero se notaba que «era el momento» de estar arriba.

Al llegar quedamos asombrados, ya no parecía el mismo sitio, como por arte de magia la zona estaba repleta de estas pequeñas aves (más pequeñas de lo que yo pensaba) subían y bajaban de forma frenética por la colina.

No paraban quietas y normal, porque le sobraban motivos para estar en peligro. Las gaviotas intentaban sacarles el alimento y sobrevolaban los Pigargos con no muy buenas intenciones.

En ese momento me di cuenta de lo sacrificada que era la vida de este ave.

Pigargo contra frailecillo - Isla de Runde
Frailecillos juntos retrato - Isla de Runde
Frailecillo sobre roca - Isla de Runde
Pigargo contra frailecillo - Isla de Runde

Finalmente ese día fue más espectacular de lo que habíamos soñado.

El atardecer con sus preciosas luces anaranjadas permitieron crear imágenes llenas de magia…o al menos, a mi me lo parecieron 😉

Frailecillo sobre roca - Isla de Runde
Frailecillos juntos retrato - Isla de Runde
PAreja de Pufines - Isla de Runde
Frailecillo en entorno dorado - Isla de Runde

Problemas logísticos… 😆 

 

Pese a lo nublado del día y el frío bajamos esa colina felices y dichosos, habíamos visto un ave preciosa y disfrutado de una zona espectacular….y al llegar al aparcamiento esta dicha se vino a bajo al comprobar que habíamos dejado las luces de la furgoneta encendidas 😕 y no teníamos batería.

A unas horas poco adecuadas y sin casi idea de inglés, tuvimos que conseguir que nos viniese una grúa hasta Runde….y lo logramos!!!

Ya tranquilos buscamos una zona para descansar bien y reponernos, el viaje por Noruega todavía acababa de comenzar, y aún faltaba mucho por delante…continuará…

Aquí os dejamos un vídeo resumen de lo vivido…espero que os guste!!!

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